| Oda al
Haggis
Bienvenido sea tu honesto
rostro regordete,
gran jefe de la raza de
los embutidos!
por encima de todos ellos
ocupas tu lugar,
estómago, tripa
o intestinos:
Bien mereces una gracia
tan larga como mi brazo.
La recargada fuente ahí
llenas,
tus caderas son como un
cerro distante,
tu pincho ayudaría
a remendar un molino,
si fuese necesario,
mientras que a través
de tus poros destilan los jugos,
como gotas de ámbar.
Su cuchillo ve un rústico
trabajo de limpieza,
y te corta con pronta
pericia,
trinchando tus jugosas
entrañas brillantes,
como cualquier zanja,
y entonces, Oh! que vista
gloriosa!
caliente, humeante, rico!
Ustedes, poderes que cuidan
la humanidad,
y le sirven su menú,
la vieja Escocia no quiere
comidas acuosas,
que salpiquen en platos,
pero si ustedes desean
su plegaria de agradecimiento,
denle un Haggis!
Traducido
al español por Edward Macrae
|